(Desvanecimiento y Aparición
(De los puntos y líneas sobre el mapa))
“Somos lo que vemos.
Formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman a nosotros “
(Marshall McLuhan)
Si queremos volver a la Provincia tenemos que ser disidentes de lo que como sociedad nos obligan a ver. Tenemos que adulterar nuestros visores, o inventar unos vinoculares. Dar forma a unos vinoculares para que luego estos nos formen a nosotros.
Visores
(Escuela /Visor)
La escuela de la moral, es la escuela de las convenciones, es también la escuela globalizadora, la misma que ha transformado el gran cosmos en un gran mapa (plano) del universo, y luego transformado este plano en un solo punto en el cual convergen nuestras miradas. Ganamos un punto de fuga pero perdemos el Horizonte.
O, lo que es equivalente: Ganamos el Mapa pero perdimos el Territorio, citando a Baudrillar
Desconcertados y convencidos que nuestro convencionalismo es la única verdad. Nos sumimos en la inercia ciega de la masa y miramos sometidos y resignados nuestro punto de convergencia. Olvidamos con ello toda realidad que se ejecute en otra frecuencia, alterna y que coexistente.
Es la misma escuela la que nos pone unos visores, como si fueran una extensión de nuestros ojos y no esta demás decir lo que pesan ya por si solo estos visores, como tampoco esta demás añadir (para los que no se hayan enterado) que estos visores que nos ponen, casi desde que vemos por primera vez la luz, están pre-enfocados de fabrica, apuntando a ese sitio que se nos ordena mirar con la boca abierta. Ese Punto de Fuga es nuestro designado norte. Es el ojo turbio que nos mira y controla de forma panóptica. Ese punto es el ojo que nos mira, pero no es la ventana a través de la cual nosotros podamos mirar. Es mas, nuestra mirada cuando se traslada choca con ese obstáculo, entonces lo que se nos plantea como punto de fuga resulta ser el Punto del Enclaustro, un campo de concentración, en el cual vivimos encerrados.
Visores y Cultura
Si todo lo que cultiva esta cultura esta ligada sistemáticamente al peso, si todo orden es un peso a cuesta, entonces cada accidente de nuestro visor, cada desenfoque, cada alteración, cada perdida de rumbo, cada desvío del camino hacia el norte, inclusive cada parpadeo, es una experiencia de ligereza y levedad, por lo tanto es un acontecimiento extraordinario, maravilloso y bello, quizá borrosamente bello, pero hermoso al fin. Y no importa lo efímero que sea, pues en las cosas o sucesos fugaces se duplica lo extraordinario, lo maravilloso, lo bello, el goce. Efímero es el eco que nos llega del sitio donde reposan las esencias humanas.
Nicolás Rico 2006
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