EXORDIO CONTEXTUAL
Mucho se habla del mural, en que obro desde ya hace varios meses; y de todo el desahogo experimental que estoy provocando en mí y mis coetáneos estudiantiles.
Quisiera demorarme mucho más, puesto que veo –mientras se gesta este parto de mis hermanables “quehaceres”- que las reacciones polimórficas van proliferando.
Se me acusa, se me enjuicia, se me admira, se me valoriza y menosprecia, soy objeto de cuestionamiento, soy esperanza de alguno para alzarse contra “algo”, algunos me califican de “pérdida de sentido” (lo que me produce cierto halago), otros empeñan su razón en darle a mi obra un sentido, en fin, todo en cuanto a esta aventura respecta, me engrandece y fertiliza.
He cargado en este último tiempo todo un mar de convulsiones. Los experimentos de mis soluciones pictóricas se han alterado abruptamente, bordeando incluso mi propia naturaleza expresiva. He perdido muchas imágenes por la acción desmesurada y atarantada de mi puño y sus pigmentos… no sé cómo poder pintar. Todo esto, sin embargo, está manejado, como un títere, por la conmoción más grande, que recuerde, me ha sabido poseer: mi madre, la lucha contra los infames gusanos y su reciente partida hacia “La otra forma”. Es extraño lo que ofrezco, querido prójimo.
Pero yo no parto desde la amargura, (quizá sí, un poco, desde la Nostalgia) pues me refugio en la austeridad de un estoicismo que mantiene mi cascarón intacto.
Quisiera confidenciar que lo que mueve mi “existencia” está muy bien definido, y si depuran su contemplación y se logran emancipar un poco de la estupidez y aletargamiento que nos inhibe, (que nos enclaustra y nos deja indefensos ante nuestras estériles vanidades), descubrirán que la textura emanada por los poros de mis palabras de este trabajo contienen un 25% de ocio, un 25% de nostalgia y un 50% de esperanza (a veces noto una variación entre las proporciones porcentuales de la “nostalgia” y la “esperanza”). Más aún –y esto quizá supere todo lo ya dicho- creo que hay momentos en la historia que producen náuseas, me hace sentir como un insecto escatófilo… estoy hastiado, y es imprescindible dejar de holgazanear, debemos partir. No basta con quedarse sentado mirando la luz… debemos caminar hacia ella.
DEPARTAMENTO DE ARTES PLÁSTICAS:
“EXTENSIÓN DE NUESTRO PROPIO CUERPO”
Antes de sumergirme en toda lectura iconográfica del motivo que presento, quisiera explicar la importancia que tiene esto de hacer Tatuajes en las paredes internas de los entes Corpóreos. Es sencillo, Vicente Huidobro dijo que “el poeta es un pequeño Dios”; Dios es el gran poeta que nos hace a su imagen y semejanza. La poiesis, la creación humana, sigue el mismo orden. El Departamento de Artes Plásticas está hecho a nuestra imagen y semejanza: tiene “puerta” por donde entra todo elemento (al igual que nuestra boca), tiene “ventanas” por donde entra la luz, el color (al igual que nuestros ojos) tiene un sin número de cablecillos que acarrean la energía eléctrica por todo su cuerpo (al igual que nuestras neuronas), tiene un “sistema digestivo” por donde evacuamos toda la mierda, la bazofia, los desechos (y nosotros también)… y los más importante, tiene pasillos que (al igual que nuestras venas) recorren entero este gran cuerpo, llevándonos a cada una de sus extremidades, y si nosotros recorremos estas venas (que son los pasillos). ¿Qué somos de este gran Ente?: LA SANGRE.
Debo reconocer que, a veces, entregado sumisamente a la nostalgia y al pesimismo, sentí, hipotéticamente, que la gran Extensión de nuestro cuerpo estaba enferma, que agonizaba, y lo peor es que el mal estaba en su sangre, o sea, en nosotros mismos, y eso daba respuesta a cierta decadencia o aletargamiento estudiantil. Nació entonces el concepto de “Leucemia Estudiantil”, es decir, cáncer en la sangre del Departamento. A raíz de esto y de razones muy personales que tengo con respecto al “cáncer”, fue que me decidí a cambiar la dualidad del concepto de Metástasis (se utiliza este término en medicina para nombrar la “ramificación del cáncer”). Esto quiere decir: con un fin fertilizante alteré el sentido negativo del cáncer y, transformando la Metástasis como método estratégico, empecé a romper el cuadrado que en un momento encerraba mi trabajo, y a extenderlo a todo el muro, después al techo y así mismo a las ventanas y al suelo.
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Consciente sin embargo de una cierta efimeridez de mis quehaceres, no puedo lanzar una bomba a las sonrisas, yo mismo varío el grado de mi descontento muy cotidianamente pero, sin embargo, mi lucidez revela ciertas verdades y puedo descubrir con ellas una gran “falsedad” que cuesta distinguir a primera vista. Es difícil comprender los sentidos de esta vida, pero un mutuo consenso nos dice que todos buscamos, consciente o inconscientemente, la felicidad.
Cada vez será más complicado comprenderse con este sentimiento tan voluptuoso puesto que la civilización, que vamos creando, se va envolviendo de unas cadenas de falsedades. Nuestros sentidos, cada vez más atrofiados, van siempre atentos a los cuidados del cuerpo, la ropa o las modas que nos gobiernan, como si la felicidad dependiera de la modernidad y el progreso.
¿Hasta cuando estaremos condenados a sufrir y beber cada día sorbos amargos? Lo peor es que esta falacia, en el Universo cultural, nos fascina y adormece. La pesadilla seguirá su rumbo inminente, hasta que un día despertemos y estemos “dentro y más allá de nosotros mismos”.
ACERCAMIENTO A LAS LECTURAS CARTOGRÁFICAS
Se dice que el péndulo del arte en estos días es indefiniblemente efímero. El sin número de tendencias artístico-teóricas es tan heterogéneo, que para los más eruditos historiadores les complica definirlo.
Racionalistas, sensoriales, todos se entremezclan en este globo alborotado. Multimanierismos plásticos son sin duda los dueños de nuestros instrumentos. “El pastiche” camina por los talleres, como si todas las técnicas ya estuviesen al descubierto. En fin, sólo el padre Sol (y sus secuaces) es quien tiene toda la historia en la retina de su gran memoria. Quizá es verdad que para él no hay nada nuevo.
Sin embargo, me resulta absolutamente irrelevante e indiferente el cuestionamiento de los elementos plásticos de esta era. Que pintemos a la manera de Da Vinci, Picasso, Dalí, Polok o Matta, me da lo mismo; que el pastiche menee nuestra conciencia, quizá es la mejor Buenaventura de este siglo. Al fin, hoy, quizá me equivoque, recién podemos tomar la historia como un gran paradigma, modelo, mapa para un espléndido porvenir. No me interesa ser original, y ésta es una de las emancipaciones más grandes que he sabido poseer. Mucho más importante que esto es explotar nuestro “ser” en toda su magnitud, utilizar la memoria como herramienta de aprendizaje, como desvelador de realidades, masacrador de la falsedad que nos gobierna… en vez de tratar de ser original, tratar de ser originarios, como profesa Kandinsky.
La urgencia que me acaece a adaptarme a este suelo nuevo, tan hostil como atractivo, me lleva a tomar posturas austeras como ya lo había dicho unos párrafos atrás. Tanto como para apaciguar mis lacerantes nostalgias como para servir a mi prójimo y su espacio, fértilmente. Es decir, me he visto imperiosamente obligado a mirar la etapa histórica que vivimos en términos negativos y positivos, he tenido que adaptar los visores que filtran el conocimiento hacia mi interior de forma que, al percibirlo, lo catastrófico y lo progresivo se fusionen en una dialéctica emancipadora de mis inquietudes existenciales, y así producir un equilibrio mental que apacigüe los dolores de mi sien.
Siempre he estado de acuerdo de que “la revolución es ante todo y siempre”, que hay que “avanzar y no pudrirse” (como proclamaba Marinetti) pero el instante de gestación en que me encuentro es tan intensamente abstrayente, que me hace adaptar a veces posturas mesuradas, de bálsamo, que esparce sus languideces por la lívida piel de “la extensión de nuestro cuerpo”.
Canalizando entonces todas mis impresiones e ideas puedo simplificar lacónicamente que mi mirada es la de un ocioso arqueólogo que tiene la gran suerte de tener su fósil aún vivo, o mejor dicho, que está captando en directo el paso entre la blanda y tierna vitalidad y la rígida petrificación, dicho metafóricamente.
Hoy soy un arqueólogo, no un poeta, ni artista, ni revolucionario, sólo soy un simple arqueólogo. No deseo alterar el rumbo inminente de nuestro departamento (quizá sí mañana). ¡Si hay que perderse, que nos perdamos! (quizá ahí nos encontremos). Si hay que colapsar, ¡colapsemos! (después del diluvio siempre brilla el sol). Si hay que dormir ¡sigamos soñando! (al fin y al cabo, soy un maestro en fantasmagorías).
Quizá por todo lo ya dicho y tratando de dejar a contra luz las siluetas de mis motivos presentes, es que ofrezco a continuación una lectura muy subjetiva del trabajo plástico que he realizado al interior de nuestro Departamento de Artes Plásticas, o, como preferiría decirlo, del “Tatuaje simbólico impreso en las paredes internas de nuestro propio cuerpo”. Claro y consciente estoy, además, que siempre estará la ventana abierta para cualquier lectura personal de cada sujeto, sobre todo pensando en que el acceso a este “manual” no estará al alcance de todo el continente del Departamento y que, además, no todos los ejemplares serán leídos (bien sabido está que el papel es un hermoso combustible y además materia prima para los barquitos y cohetes, sin mencionar sus usos higiénicos… pero esas son anécdotas del ciclo).
Dedico mi vida a las carencias que nos acaecen y en estas carencias incluyo las “pérdidas”, cosas que estuvieron y que ya no tenemos, “eslabones inconexos” que no permiten una lectura continua del “Gran Enigmático Palimpsesto”. Precisamente he elegido esta temática (me refiero a los eslabones inconexos) como testimonio fehaciente de las “Pérdidas de Nuestra Historia” y esto como efecto clave en nuestra sociedad actual. Por esto he titulado esta obra como ESLABONES ÉBRIOS: de cómo la historia presente se come la historia pasada, o de cómo la mitad de nuestras huellas son pisadas sobre la arena y borradas totalmente por el viento y el mar.
Sin duda la tierra seguirá siempre su rumbo y la historia seguirá, y el sol seguirá mirando omniscientemente la evolución, pero en nuestra conciencia no se archivará todo y perderemos progresivamente el lazo con lo ancestral y por más que busquemos armar el puzzle de la “verdad originaria” sólo poseeremos parcial y tenuemente las facciones de su cascarón.
Para ejemplificar estos dolorosos acontecimientos de nuestras desventuras históricas he tomado una numerosa cantidad de iconografías de nuestro Globo, dando como punto de partida, por la carga simbólica que poseen con respecto al tema, los GRAFISMOS DE LA CULTURA NAZCA. (Debido a que no estoy haciendo un trabajo sobre Nazca sino que estoy trabajando “con” los grafismos Nazca, es que no adentraré en datos “etno históricos” de esta cultura preincaica). Cronológicamente antes de la era Cristiana en Sudamérica, en un valle de la cordillera de los Andes, una agrupación de hombres unidos a una cosmovisión fueron los gestores de uno de los Mega Grafismos más enigmáticos de nuestro planeta: líneas absolutamente rectas recorren todo el desierto Nazca de lado a lado, incluyendo la roca viva de la cordillera que lo circunda. Las líneas se cruzan en todos los sentidos, como desorbitados paralelos y meridianos que se adhieren a la faz de la tierra de forma azarosa, desordenada (aquí con mis propias palabras demuestro mi incapacidad de entender su obra, pues no se si para ellos estaban ordenados o desordenados y es casi lógico que tenían un sentido, que deja exento al azar) y entrelazados en las líneas monumentales dibujos zoomorfos, hechos generalmente de un solo trazo. Perdidos en la historia, sólo en este siglo XX, y mientras el aeroplano sobrevolaba la zona peruana, unos seres mágicos aparecieron bajo el pajarraco de metal. Muchas hipótesis se elaboraron desde entonces. ¡Era increíble!, lo que caminando parecía sólo un camino, mirando desde la altura se tornaba símbolo, imagen con sentido, pistas de naves interespaciales, cartas astrales, “mapas cósmicos”.
Los arqueólogos seguirán su intento por descubrir el “porqué” de su presencia, y entre los Grafismos y nosotros nos seguiremos mirando, sin poder comunicarnos, llena nuestras mientes de interrogantes. Porque los abuelos que estuvieron con los que ejecutaron o presenciaron la construcción de esta obra ocultaron o no supieron transmitir el mensaje y en un corto y ebrio pasaje de la evolución nos desconectamos de su esencia y cuando quisimos volver a reencontrarla ya era demasiado tarde… se nos había olvidado el lenguaje.
Para pintar me he vuelto “Geógrafo” y, como una historia, he elaborado un mapa de lecturas polimórficas. He intentado ramificar las líneas en todo el interior de “nuestro cuerpo” como una ilustrativa Metástasis que se apodera de todos nuestros órganos. He intervenido la extensión de nuestro cuerpo con un mapa ancestral, lo antiguo, lo Realista, lo Moderno y lo Postmoderno, todo graficado en un solo mapa, expuesto directamente al contacto e intervención de nuestras propias huellas que sucederán a este presente.
Un día, ni temprano ni tarde, será parte del aniquilamiento del hombre e ignoraremos si estará o no escrito en la historia. Quizá quede archivada en alguna biblioteca, en la selección de apuntes e inventarios de la U.M.C.E. y seré uno más de los que se insinuó acerca de sus problemas existenciales; o quizá, y más noble, quede el mapa tapado enérgicamente con muchas manos de pintura blanca o amarillo claro (como es la tradición arquitectónica) y el colibrí que ha mutado por decenas de siglos, quede convertido en chatarra, estiercolizando, como todos algún día, algún recóndito paraje de nuestra Madre Naturaleza.
Nicolás Rico
1999
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