Desvanecimiento en el Vaivén
(Vaivén, ven! Fuga…vaivén va, se va.
(La Fuga del Vaivén: el nacimiento del vava))
Nuevo Desorden Mundial
En mayor o menor medida, todo ser, situación o sistema es transfigurable, o sea que -según los efectos de la entropía- cambia sus estados de estabilidad a inestabilidad (y viceversa) ganando o perdiendo energía, según sea el caso. El vaivén de la energía es un péndulo oscilante que marca el compás de nuestra existencia.
Como las olas, que de forma inmemorable varían su estado, a veces golpeando la roca bruscamente, deshaciendo su piel, haciendo la arena, y otras veces llegando a ella como una caricia, suave, pausada y lánguida. Las olas son el péndulo paradigmático, la madre constante, tierna y severa, la metáfora ancestral. Como las olas, nuestro camino va en un péndulo… constante, tierno y severo.
Se debaten a nuestros flancos el bien y el mar, perdón, quise decir el mal, y todas las posibles dualidades lógicas.
Al parecer creemos distinguir muy bien en una dualidad cual es el polo positivo y cual es el negativo y para que no quede duda de ello tenemos innumerables instituciones (escuelas del con-vencimiento global, o sea el convencionalismo, que en su conjunto con-forman la moral y su balanza) que nos enseñan a identificar cuales son los valores que debemos seguir, a que decir si y a que decir no. Todos estamos convencidos de cual es el polo que nos sirve de guía, de rumbo a seguir, ¡ay de quien pierda el norte!
Así, con el transcurrir de la historia y por motivos ligados a la geografía, el Norte ha encabezado siempre la maquinaria del desarrollo tecnológico, cultural y como consecuencia, económico. Este desarrollo nunca ha sido equitativo en los diferentes puntos cardinales, más aún, sabido está que siempre han existido explotadores y explotados (en todos los sentidos: moral, económico, sentimental…). El sistema siempre ha funcionado de forma que para que uno gane tiene que haber otro que pierda (lo que vendría a ser el desequilibro del peso, del poder, de la Política: esa que persigue el nocivo objetivo de dominar el Péndulo de nuestra historia y ponerlo al servicio de su favor). Y ya que los "subdesarrollados" tan solo lo son con respecto al sistema occidental, desde la perspectiva del Sur, el Norte es el Desarrollado Subdesarrollador.
Los efectos entrópicos del peso son la base de la política, es el péndulo del poder, es el establecimiento de un orden cada vez más global. Del Nuevo Orden Mundial.
Desde que el Norte perdió el Norte, desde que en New York se hizo Estatua La Libertad y desde que el peso fue depositado en un lado de la balanza, es que vivimos con el Péndulo secuestrado y bajo la ordenanza mediática.
El Nuevo Orden Mundial es una máscara, es la función de lo Kitsch en el súper sistema. Sirve para esconder la podredumbre de nuestra mala digestión social. Sirve para esconder el Nuevo y Desarmónico Desorden mundial.
El Nuevo Desorden Mundial es lo que está debajo del mediatizado caparazón. Caparazón que esconde la otra proyección de lo creado, la luz encerrada en el Negativo.
Y es justamente por eso que no podemos mirar las sombras o identificarlas, pues vivimos en un sistema regido por lo virtual. Y lo virtual no tiene negativo, por lo cual no hay nada por revelar, hemos aniquilado el negativo y creado un sistema prescindiendo de él.
Nos saltamos el gran aprendizaje del revelado y vivimos la ilusa realidad de lo virtual proyectado. Con ello atropellamos principios básicos como lo son la indisolubilidad del bien y del mal, de lo negativo y positivo, principios que son nuestro verdadero equilibrio, nuestra natural, verdadera y justa balanza. Con ello pasamos por alto la concepción de la vida con los colores y todos sus grises, con sus perfumes y fétidas descomposiciones.
Esta es la Ciudad de la Luz que Encandila y que lo transforma todo en transparencias. Este es el escenario transparente en que las fantasmagorías virtuales de una máquina alucinada son proyectadas como imágenes sin sombras, sin negativos.
Toda lucidez demuestra, o aunque sea "activa", las sospechas acerca de la procedencia del sistema de realidad que se nos presenta. Toda reflexión transmite dudas.
Entonces, dos preguntas, una blanca y otra negra: ¿Es real lo creado sin revelado? La borrosa respuesta demuestra que la pregunta mas allá de estar mal formulada es del todo superflua.
¿Es posible la existencia del positivo sin un negativo?
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Peso e información
Es evidente en este caso lo que Parménides hace siglos medito acerca del peso, adjudicándole a éste el polo negativo, y su opuesto, o sea, la levedad el positivo.
Pero ¿habrá un equilibrio en la cantidad de peso/levedad que consumimos cada día? Posible y probablemente no. Esto porque estamos empeñados en consumir peso, que es todo lo que sistemáticamente se nos ofrece para el consumo. Vamos olvidando los alimentos y las técnicas que nos aligeran. (Las técnicas para aligerar es un tema en si mismo que mas adelante desarrollaré).
Tenemos problemas en la vital digestión de lo que consumimos o aprehendemos. Hay desequilibrio entre nuestro peso y nuestra ligereza. Esto altera nuestro sentido gravitacional, nos descoloca, nos desorbita y desorienta. Es desolador descubrir que mientras el paisaje, los durmientes y los rieles corren eufóricos, nosotros y nuestro peso nos quedamos… vulnerablemente sometidos, silenciosamente resignados. Nos quedamos… enajenados en la estación transparente del no-espacio
Sin duda la misma escuela de la moral es la escuela del peso. Porque la moral es una coartada política, una antropomorfiización de la realidad, una forma kitsch de gobernar, un sistema panóptico de controlar, de que unos ganen lo que otros pierden, de que esos otros pierdan y no se enteren. Estudiamos sistemáticamente la indiferencia, estamos formados para seguir resignadamente la inercia de la masa, la masa o mayoría silenciosa, no la masa critica.
¿Y que significa estar sometido en la inercia de la masa? Para responder esto debemos reconocer la extrema hiperdensidad que hoy en día nos aglutina y caracteriza como masa. Hiperdensidad en la ciudad, en la mercancía, en el transito de la información, en el mensaje-medio (que ya forman una sola cosa) etc. Toda esta saturación de los intercambios nos conduce al sobrepeso. No podemos viajar por la historia con este sobrepeso. Y a mayor sobrepeso mayor es la lentitud de nuestro cuerpo. Y a mayor lentitud de nuestro cuerpo mayor es la velocidad en que se nos fuga la historia. Somos espectadores dentro de un tren que mientras disminuye su velocidad, al mismo tiempo, mas rápido le cambian el paisaje. ¡Vértigo!... En realidad la incapacidad de movilización a través de la línea de la historia es una de las razones por lo cual muchos autores nos hablan de un hipotético fin de la historia, comienzo de la posthistoria. (Vivimos un momento exquisito, excitante para patafísicos y sur--realistas)
Somos tan pesados como masa que ya ni siquiera podemos llevar a cabo nuestra historia, ni falta que nos hace. La masa es disuadida de todo acto que pueda romper su propia inercia, es disuadida de cualquier acción fuera del programa electrónico. Nuestros pasos a seguir ya han sido proyectados y han llegado a su destino antes que nuestro sistema nervioso de la orden de mover el primer pie. Es mas ya no hace falta siquiera que demos el primer paso y hagamos el camino, puesto que en esta historia virtual -que se archiva en la memoria eléctrica- todo acontecimiento ya ha sido llevado a término antes de que este se produzca.
Peso e indiferencia son un órgano más de nuestro cuerpo, un apéndice, una extensión de nuestro propio cuerpo con forma de grillete o bola de cañón. (En la esclavitud negra -como en tantas otras- los grilletes eran físicamente evidentes. Hoy los grilletes son igual de efectivos que los de entonces, con la diferencia que esta vez éstos son igual de trasparentes que su portador). El peso es una condena integrada a nosotros, nos disuade de caminar, nos disuade en todo intento de lucha por recuperar la historia y volverla a sincronizar con nuestros actos inmediatos, con nuestro latir actual e instantáneo. La droga/información que consumimos como masa ya no tiene efecto estupefaciente, ni alucinógeno, todo lo que se nos ofrece con el efecto de disuadir… ese extraño verbo de la no-acción.
Así es, somos unos glotones condenados a un arresto domiciliario, y eso es muy cómodo en nuestra sedentaria sociedad. Estamos sometidos y resignados al consumo de nuestra droga-veneno que es la información.
Se acabo el cuento del cielo y el infierno, la tierra prometida ya no esta en la tierra, ni el paraíso en el cielo. Ahora todos los sucesos acontecen en el hiperespacio, tras la pantalla. Es ahí donde todos queremos llegar, ahí esta el modelo a seguir, tras la pantalla se encuentra nuestra inspiración.
El mundo ya no se hace a nuestra imagen y semejanza, nuestras construcciones ya no son extensiones de nuestro cuerpo. Todo lo que hacemos es una prolongación del estudio de televisión, la calle no es más que otro plató. Así que donde quiera que este no mire a los ojos, ¡mire a la cámara!
La lucha por recuperar la historia es un riesgo casi demencial, pues sin percatarnos la historia alcanzo una velocidad tal que se salio de la orbita de la realidad y se desvaneció en el hiperespacio (esto me lo explicó muy bien Cannetti). Todo intento por devolver la historia a su cauce es disuadido, abortado. Por lo demás, con tanto naufragio ideológico en el mundo ¿Quién se atreve a lanzarse al océano profundo y marginal de la disidencia?, ¿Quién se atreve a nadar contra la corriente?, ¿Quién quiere luchar sin ser visto como un terrorista? ¿Qué es mejor, Guantánamo, el arresto domiciliario o ser rehén del televisor?
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Desarmonía
Somos entes desarmónicos, anacrónicos. Desde la fiebre del modernismo y su revolucionaria industrialización, hemos transformado nuestro espacio geográfico de tal forma, que lo habitado ya no nos pertenece.
El modelo que seguimos, no esta en ninguna parte. El faro que nos guía no nos lleva a ningún sitio.
La historia ya no es nuestra, es solo la alucinación de una maquina. No existe espejo en el mundo que refleje en lo que nos hemos convertido.
En la sociedad transparente nosotros somos fantasmas. Fantasmas excluidos del cielo, del infierno, del paraíso, del reino vegetal, del reino animal y -aunque parezca chistoso- incluso del reino virtual.
Lo único que nos diferencia de un cadáver es nuestro torpe sistema digestivo. Somos números en el computador…Fantasmas en el Paisaje.
Ahora, para seguir adelante en esta aventura del vivir, solo me formulo una pregunta. Hidegger dijo que el artista siempre “vive o busca la Provincia” (en estos momentos la Provincia es lo mas parecido al Arca de Noe) Pero si en esta "Gran Capital" -que es el globo terráqueo- no hay cabida para ésta ¿dónde encuentro mi Provincia?
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La Provincia no necesita encontrarse en ningún lugar físico, pues es un concepto, un ente de razón.
La provincia es el Sur, el *Realismo del Sur. El cual se formaliza desde el otro lado del espejo. El cual proyecta imágenes desde un Negativo. El cual -como el Hidalgo- es hijo de Algo. Hijo de una Mamatriz… no un hijo de puta.
Nicolás Rico
BCN2006
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